El “ganar-ganar” de las empresas con la financierización de la naturaleza

El Acre fue el primer estado brasileño en implementar políticas de financierización de la naturaleza. ¿Qué significa esto? Significa que este estado fue una especie de laboratorio para medidas que transformaran la naturaleza – árboles, ríos y tierras, todo lo cual no podemos (o no podríamos) valorar – en algo cuantificable, transformado en un producto y, además, en activos de la bolsa de valores que luego servirán como moneda de cambio y valoración de alguna empresa. De ahí muchos problemas:

Esta es la parte 3 de la introducción a la historia “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”.

Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?
Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?
Parte 3: [usted está aquí] El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturaleza
Parte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes?

También lee: El asedio explicado en un mapa

Primero, la privatización de las tierras: las empresas necesitan tener áreas para la “captura de carbono”; es decir, áreas verdes para “compensar” la contaminación que generan en el mundo. Así las grandes industrias contaminantes, como las compañías petroleras, mineras y de aviación podrían continuar sus actividades normalmente, con los mismos niveles o incluso niveles más altos de contaminación, siempre y cuando tengan, en alguna parte del mundo, su “granja de captura de carbono “.

Lea aquí la publicación “10 alertas REDD para comunidades”, preparada por WRM (Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales)

Hay otro problema: la “compensación” es, en sí misma, una violación de derechos. Es decir, para continuar contaminando, las empresas se adhieren a un territorio ajeno, por medio de acuerdos basados en mentiras, aprovechándose de pequeñas comunidades, sobretodo con promesas de compensación financiera que nunca se materializan. Los pueblos originarios, las comunidades tradicionales y las trabajadoras y los trabajadores rurales, que históricamente vivieron y se mantuvieron armónicamente con la floresta, se ven prohibidos en manejarla de acuerdo con sus formas y culturas. Su territorio es robado y, como consecuencia sus vidas son puestas en riesgo. Al final, estas familias terminan siendo empujadas a vivir en las márgenes de las grandes ciudades, convirtiéndose en una población pobre. La riqueza queda vinculada a una tierra que ya no les pertenece. ¿A quién compensa esta “compensación”?

La situación es más compleja: para “compensar” la contaminación que emiten, las empresas violan los derechos prohibiendo formas de vida tradicionales, especialmente en el Sur Global. Al final, terminan beneficiándose de estos actos al transformar estos territorios en activos financieros; en resumen, cuantos más derechos violan, más podrán contaminar y, en consecuencia, aumentar sus ganancias: por un lado lucran para contaminar y destruir, por el otro obtienen más ganancias “compensando”.

Vea a continuación, con más detalle, el “ganar-ganar” de las empresas detrás de los incendios en el Amazonas, material producido por Amigos de la Tierra Brasil junto con el CIMI (Consejo Misionero Indio) regional en Acre:

Cómo el agronegocio y el mercado financiero se benefician de la devastación de la selva tropical más grande del mundo

¿Cuánto vale la preservación y las falsas soluciones del capitalismo “verde”, y quién lucra con la compensación?

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Lea también la parte 2 de la introducción:
¿A quién favorecen las respuestas de Bolsonaro a los incendios?

Continúa leyendo la introducción:
Parte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes?

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